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Traje de Baño Crochet - Desafío crochetero Gratis!

Un Nuevo Desafío  ¡Hola crocheters! Hace poco celebré mis 50 años de vida, y quiero compartir con ustedes la maravillosa sensación de sentirme más viva y segura que nunca. Nací en los años 70, la era de la música disco y los pantalones Oxford. Desde que recuerdo, la presión de la sociedad sobre la perfección del cuerpo era abrumadora. La época de las anfetaminas para adelgazar y la obsesión por alcanzar un estándar de belleza irreal crearon un entorno difícil. Más de la mitad de las chicas en mi curso, incluyéndome, luchábamos con la bulimia o la anorexia. El cuerpo debía ser perfecto, y amar el propio cuerpo tal como era parecía un desafío imposible. Pero hoy, a mis 50 años, celebro la victoria sobre esos estándares irreales. Me siento segura, fuerte y lista para abrazar mi verdadero yo. En este viaje de autodescubrimiento, decidí cumplir uno de mis sueños más preciados: usar un traje de baño tejido a crochet. Este traje de baño no solo es una prenda, sino un símbolo de amor propio y

¿Por qué ARTEsana?

Desarrollar nuestra creatividad es una forma de sanar. A través del arte, expresamos nuestra escencia, y de esa forma, nos hacemos quienes somos. 

El poder está en tus manos!

Como se define Calamaro, soy de la generación que vio el mundial '78. Y eso significa que nací en tiempos de represión y censura; pero no necesariamente de un gobierno represor, sino de un paradigma en el que sólo existía una cosa que estaba bien, y todo lo otro mal. 

En mi casa, se hacían las cosas como decía mi padre. Y si el no estaba, había que esperar que llegue...aunque tuviéramos que esperarlo un par de meses. Mi mamá era mujer, así que no contaba. El lugar de la mujer había evolucionado de la cocina al gimnasio, a la peluquería y al shopping, aunque en el fondo seguía siendo más de lo mismo "todo al servicio de el". 

Nuestra generación cenaba viendo "Las Gatitas y Ratones de Porcel", y creo que eso dice mucho de los roles que los únicos dos géneros "mujer/varón" debían ocupar en la sociedad. 

Entre lo correcto y lo incorrecto, la represión y los castigos, el miedo y la obediencia, los gritos y los llantos, era muy difícil poder conocerse a uno mismo. Llegar a entender qué tenemos para dar y qué vinimos a aprender. Antes, sólo estaba la exigencia de "ser" lo que me fue impuesto. Y absolutamente nada más; sin mimos, sin charlas, sin sonrisas, sin abrazos: se hace lo que manda el Capitán. Y lo demás, lo demás está mal! Y que ni se te ocurra preguntar por qué.

"Qué son esas cosas locas de teatro? Andá a estudiar!" "Los músicos, los artistas, los actores son todos vagos!" Los docentes, pobres. Las secretarias siempre estarán a cargo de sus jefes -hombres. Las psicólogas están locas y para ser médica no te da... pero debés ir a la universidad o serás una mediocre por siempre, y ponete de novia para que no pienses que sos lesbiana!" 

Como entenderán, en este contexto desarrollé una serie de síntomas que honestamente me complicaron el camino. Problemas de atención, de memoria, de autoestima, problemas para relacionarme con la gente, trastornos alimenticios, ansiedad, fobias, depresión y fibromialgia. Todo ese paquetito era yo, y eso debía ser ocultado para que nadie se de cuenta, porque sería un horror.  Si alguien descubriera lo que soy realmente... sería terrible. 

No es mi intención enumerar padecimientos, ni describir las maneras locas de ocultar lo que me pasaba en realidad. Tampoco es realizar una lista de terapias, medicamentos y tratamientos que intenté.  

Y cuando entendí que yo tenía el poder de sanar

Todos sabemos, porque lo leímos en algún lado, que "uno tiene el poder para sanar". Sin embargo, muchas veces, sólo repetimos la frase sin entender realmente lo que significa. 

Año tras año trate de actuar normal, de ser algo que no soy para encajar. Pero no podemos matar quienes somos y la vida solita me llevó al lugar dónde no sólo cargaba con todos estos síntomas; si no que además ya tenía tres hijos, no tenía casa, ni obra social, y lo que sí tenía un ex muy cretino para no olvidar al capitán.

Si, de algún modo nuestro inconsciente trabaja para recrear ciertas situaciones que no supimos resolver en el pasado. Y yo no había resuelto mi historia con mis padres, entonces aquí estaba, en una escena similar a la que vi protagonizar a mis padres: El es un cretino, pero estás segura que sin él no podés... qué vas a hacer... lo aceptás o lo intentas sola? 

Creo que el universo me puso ahí para que entienda la difícil situación que mi mamá había tenido que pasar y que yo pudiera tomar mi propia decisión. No fue fácil, pero decidí darle una oportunidad a la vida, empezar "otra vez, de nuevo" -sigo con Calamaro- ya que "todo corazón merece una oportunidad! El mío también. Deje que se quede con lo que consideraba suyo, dejé todo lo que tenía y todo lo conocido hasta el momento: ropa, trabajo, ciudad, corte de pelo, amistades. Me tiré al vacío.


Cuando no tenés nada, tenés todo!



¿Qué hice entonces? Medite, me senté por horas frente al mar a escuchar mi respiración. Hice silencio y me concentré en el viento. En un terreno valdío - que era mío- comencé a separar yuyos y pedregullo. Transformé la tierra arcillosa en fértil, abonándola con nuestros deshechos orgánicos. Reciclé basura y sembré el jardín. 

A los varios meses, cenamos de nuestra huerta. No había gas, y gracias a eso, aprendí a hacer asados, papas fritas y hasta flan a leña que encontrábamos por ahí. Amé la vida en la naturaleza, porque esa precariedad sacó una Raquel salvaje, que no sabía que existía. Me sentí como una loba. 


Luego, junté restos de obras y construí mi propio baño. Nunca me interesó demasiado tener lindas las uñas y disfrute mucho meter mis manos en el cemento. Jamás había podido poner cobertura a una torta, y ahí estaba yo, poniendo revoque a mis paredes.  


 

Construir mi propia casa con mis hijos fue una aventura apropiada para una serie de época como Outlander. Una etapa necesaria para aprender todo lo que yo podía hacer. Con el trabajo físico, yo reflexionaba y con el silencio de la meditación llegaban las respuestas. Y después de algunos años, esa etapa terminó. Construimos nuestra casa, nuestro refugio. Un lugar para llamar Nuestro, con una gran puerta de entrada, para que ingresen muchos amigos. 

Con los meses después de la construcción, recuperé mis manos. Ya no las usaba para trabajar, asique podía dedicarme a otra cosa con ellas. Habían pasado 7 años desde la última vez que soñé con dedicarme a tejer y desde entonces no había tocado una sola hebra. Ahí habían quedado los hilos y los ganchillos, en el fondo de un canasto lleno de moho y polvo. 

Los rescaté, los miré y como con un amigo que no ves hace años, continuamos nuestra charla.

Pero acá viene lo más impactante de esta historia, esas cosas que tiene la vida y que sólo ves cuando ya lo pasaste. Esas cosas que te hace pensar que hay algo mucho más grande que nosotros y que de alguna manera dispone los eventos de tu vida de manera que siempre puedas aprender y superarte. Sepan, que el primer proyecto que tejí después de la reconstrucción de mi vida, fue mi vestido de novia...

Si, además de encontrarme y rescatarme a mí misma, encontré al verdadero amor. El que se llevó todos los Si! El que soñaba desde siempre. Simplemente El, con quien fundar una nueva familia, con quien compartir esta vida que tanto amo. 


Mi vida dio una vuelta completa. Del todo a la nada y de la nada al todo otra vez. Entonces supe, que había sanado. 



Fue una larga búsqueda, estuve en el barro y de ahí vengo.  La fibromialgia me acompañará siempre, y los fantasmas del pasado me visitan a menudo, pero solo están ahí porque son parte de mi y los acepto. No deseo olvidar porque lo que fui también me recuerda quien soy: soy una mujer plena que resolvió el acertijo de su vida. Y el motor que me impulso fue la creatividad, el arte, la meditación, el silencio y la respiración. 

Estas historias deben ser contadas, para acompañar y para dar esperanza: Está en tus manos, vos podés!






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