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Traje de Baño Crochet - Desafío crochetero Gratis!

Un Nuevo Desafío  ¡Hola crocheters! Hace poco celebré mis 50 años de vida, y quiero compartir con ustedes la maravillosa sensación de sentirme más viva y segura que nunca. Nací en los años 70, la era de la música disco y los pantalones Oxford. Desde que recuerdo, la presión de la sociedad sobre la perfección del cuerpo era abrumadora. La época de las anfetaminas para adelgazar y la obsesión por alcanzar un estándar de belleza irreal crearon un entorno difícil. Más de la mitad de las chicas en mi curso, incluyéndome, luchábamos con la bulimia o la anorexia. El cuerpo debía ser perfecto, y amar el propio cuerpo tal como era parecía un desafío imposible. Pero hoy, a mis 50 años, celebro la victoria sobre esos estándares irreales. Me siento segura, fuerte y lista para abrazar mi verdadero yo. En este viaje de autodescubrimiento, decidí cumplir uno de mis sueños más preciados: usar un traje de baño tejido a crochet. Este traje de baño no solo es una prenda, sino un símbolo de amor propio y

NOS REINVENTAMOS Y RENACEMOS COMO EL BOSQUE

 "Hermana Carolina, ¿qué hace la gente cuando está en el cielo?"

"¿A qué se refiere alumna?"
"A dónde van al baño, o si tienen que ir a trabajar."
de religiones y dioses
1979-1982
"Bueno, la gente va al cielo a glorificar a Dios."
"¿Todo el día? ¿Arrodillados frente a Dios?"
"Si, todo el tiempo. Es hermoso"
"Eso es muy aburrido, no se si valga la pena ir al cielo."




Mis padres han sido modelo de lo que no debo hacer en muchos aspectos. Pero hay algo que de por vida les voy a agradecer e intento repetir con mis hijos. Ellos decidieron educarme en ninguna religión. Por el contrario, me dieron la posibilidad de conocer varias religiones y me explicaron que la decisión dependía de mi y que tenía toda mi vida para hacerlo. 

Mi padre nació al final de la segunda guerra mundial. Su nombre y su apariencia son muy características del pueblo judío, así como su apellido. Mis abuelos, para evitarle problemas con el entorno, lo obligaban a tomar clases de catequesis. Sin embargo, su padre era completamente ateo y su madre era católica sólo para las apariencias. La religión judía la había interrumpido mi bisabuela, mi ídola, la madre del papá de mi papá. 


En su juventud, mi padre comenzó a leer sobre filosofía oriental, especialmente todo lo relacionado al budismo zen. Durante sus largos viajes practicaba meditación y artes marciales. Cuando no estaba viajando, tomaba clases en un doyo con un Sensei muy conservador de sus costumbres. Yo solía tomar clases con el también y aprendí algo de japonés, meditabamos, practicabamos aikido, nos hacía acupuntura, era un lugar muy sereno, me encantaba ir a lo de Miyazawa, creo que fue la etapa "Karate Kid" de mi niñez. 

nuestra capacidad de reponernos de las tragedias excede nuestras expectativas.
Primer día de clases - 1981


Algunos de los colegios que mis padres eligieron para mi eran escuelas con educación católica. Creo que en parte fueron influenciados por una tía, que era monja. Ellos siempre me explicaban que ese tipo de escuelas tenia un buen balance entre cuota y educación, y remarcaban el hecho que la religión no era algo con lo que estén de acuerdo, pero que no me haría mal conocer ya que vivíamos en un país católico. Su objetivo, era exponerme a distintos pensamientos para que yo más tarde eligiera, eso fue educar a un ser libre. 


Cuando volvía de la escuela, mi papá me preguntaba qué habíamos hecho y yo siempre le contaba lo que nos habían enseñado de religión. Y el siempre me hacía una pregunta que me quemaba la cabeza. Es que a mi realmente me apasionaba saber de Dios, de dónde está, de por qué no lo puedo ver, de que si lo puedo escuchar.... y las preguntas de papá eran flechas encendidas que quemaban cualquier patrón adquirido en mi joven cerebro. Preguntas como qué es pecar, cuál era la diferencia entre nacer de una madre virgen o no, para qué lloramos cuando muere un ser querido, si  se va con Dios. Me pasaba que al llegar a la clase de religión sentía que me estaban contando un cuento de niños. Algunas charlas en mi casa eran sobre qué se sabe de los hombres que escribieron la biblia, o que al nacer comenzamos a morir, y que posiblemente no haya muerte, sino un nuevo nacimiento a otra dimensión. 


El me explicaba que cuando determino que hay un bien inexorablemente hay un mal, por lo que ambos son una misma cosa, como Dios y el diablo, eran dos conceptos que necesitaban el uno del otro. Si Dios es todo, entonces también es nada, y también es el mal. Es la vida y la muerte, y es nosotros también,  nosotros somos también parte del todo que es Dios. 


Fui a cinco colegios en total. Dos de ellos pertenecían a la iglesia Católica, hoy día son instituciones muy respetables en todo sentido. De ambas tuve que huir. Con sólo diez años, no podía cerrar la boca y solo aceptar lo que decían y listo. Nadie me pedía que yo viviera bajo esas reglas, pero yo discutía todo. La Hermana Carolina quedaba horrorizada de mis comentarios herejes. 

Todas las religiones, un TODO
La hermana Raquel.

Un día en la secundaria, el Sr. Hayns, el rector del colegio, me señaló y me preguntó si yo era judía. El señor rector era un hombre de temer. Sus rasgos muy alemanes, su mirada era fría pero sonreía como una hiena, nos sacaba las ganas de portarnos mal. Según se rumoreaba, la escuela pertenecía al sector de la iglesia del Opus Dei, y que el sacerdote y el rector estaban muy bien vinculados con los militares del proceso. Solo rumores de alumnos.


Y cuando en medio de todos mis compañeros, el Sr Hayns me apuntó con su horrible dedo y me preguntó si yo era judía, yo le contesté lo que se merecía, "Soy de ascendencia judía y también tengo mezcla con italianos y españoles, como todos los argentinos. De ellos tengo influencias católicas, pero me inclino mas por la religión de mi padre, budismo, que comenzó a cultivarla cuando entró a la escuela de náutica." Le contesté la verdad, pero no me pude re-inscribir.


También teníamos dos empleadas en casa. Una era evangelista y cada vez que ocurría algo, nos llamaba a rezar. Nosotros lo respetábamos y rezábamos con ella. La otra era Umbandista. Y lo escribo con mayúscula porque, lamentablemente, eso es cosa seria. Especialmente cuando tu propia madre se involucra en eso.... Bien, ella también me dejó su herencia espiritual. 


Nació en una familia típica, padre descendiente de españoles, madre descendiente de italianos. La educaron en el catolicismo por default; de sus tíos una fue monja y otro seminarista enamorado que abandonó los hábitos. Sin embargo, cuando toda su vida de excentricidades se vio en peligro, ella no se volvió hacia sus creencias paternas; sino que prefirió incursionar en el Umbandismo y seguir a nuestra empleada, Noemí. 
Para los am
antes del terror...


Cuando yo tenía cuarenta y tres años, un astrólogo leyó mi carta astral. Fue muy interesante porque en su preámbulo hacía énfasis en ciertos asuntos de brujería. Me dijo que posiblemente yo haya estado involucrada en esos temas en alguna otra vida. 
    
    "No señor. En otra vida no... en esta mismísima vida sin ir mas lejos."


La historia comienza así: 


   Yo tenía doce años y estaba enamorada de Armando. Ya estaba terminando la primaria y todo mi ser estaba intoxicado de hormonas. Armando era el más hermoso de todos y eso me hacia bastante popular, porque eramos noviecitos. Pero el 6 de julio de 1986, en la mitad de mi séptimo grado mi vida cambió para siempre. 


   Primero fue un llamado telefónico. Luego fueron días de escuchar a mis padres discutir y a mi madre llorar. Lloraba tanto que vivía con los ojos inflamados y la nariz colorada. Con mi hermano no sabíamos bien qué pasaba. Pero las cosas se empezaron a poner feas. Una noche, mi mamá aprovechó que mi hermano estaba en lo de un amigo y mi papá trabajando, y me contó todo. Absolutamente todo. 


   Mi padre le había sido infiel con su mejor amiga. También me contó su plan: Yo debía hacerme la enojada con él y ayudar a mi madre a conquistarlo nuevamente. Sin embargo, si tal plan no funcionaba, lo mejor sería matarlo. Claro, la explicación era fácil, si se separaban, ella no iba a tener plata y nosotros nos íbamos a tener que cambiar de colegio....jamás se le cruzó por la cabeza salir a trabajar y volverse a enamorar. Yo pensé en Armando. 


Para resumir una larga historia, mi madre comenzó a frecuentar una bruja, la hermana de Noemí. 


Y cada vez que lo hacía me llevaba a mi de escudo para que mi padre no sospechara. Yo esperaba que algún día me preguntara si prefería ir al cine o a ver vidrieras, pero no era posible porque estaba muy ocupada resolviendo sus asuntos. La mai se llamaba Sandra. Vivía en un asentamiento, en una casilla precaria con olores hediondos. Me daba mucho frío estar ahí, pero sentía orgullo de poder estar ayudando a mi madre en este momento tan triste. Yo solía esperarla en la cocina mientras mi madre, la mai y otro hombre se encerraban en un galpón en el fondo del terreno. Sé que entraban con fuentes de carne cruda llenas de pimienta y también que sacrificaron una gallina. Pero no sé qué pasaba a ciencia cierta; lo cual es aún peor porque los huecos de información se completan con la imaginación. Y yo era una niña muy imaginativa, muy voladora y muy soñadora.


Pasaron algunos años hasta que mi madre entendió que ninguna brujería lograría que el se vuelva a enamorar de ella. Entonces pasó al plan b, matarlo. Y obviamente, yo debía llevar a cabo el plan....luego entendí, yo era menor e inimputable! 


Pronto comencé a tener ataques de pánico por las noches, pesadillas recurrentes y dolor, dolor, dolor. Comencé a llevarme muy mal con mi padre quien se ponía cada vez más violento. Hablé con sacerdotes, psicólogos, psiquiatras, tíos y amigos, pero nadie podía imaginar lo que pasaba por mi cabeza en realidad. Yo podía ver sombras alrededor de mi padre y el comenzaba a gritar, se ponía colorado y sus ojos se encendían. Golpeaba, rompía y gritaba. Estaba todo mal. 


Yo sabía de acuerdo a lo que soñaba, lo que pasaría en casa. Era un ciclo que comenzaba con una pesadilla, y yo sabía que ese día habría problemas en casa. Y no fallaba, cada año las pesadillas eran peores y la violencia incrementaba. Pero un día llegué a un juzgado de menores pidiendo ayuda. Y me ayudaron, me dieron hogar transitorio en lo de mis abuelos maternos. 


Mi adolescencia fue una larga pesadilla. Terminé mi secundaria sin tener idea qué hacer con mi vida. No quería saber más nada de la historia entre mi madre y mi padre pero tampoco sabía bien cuál era mi vida porque llevaba años pensando en mi madre y su drama.


De mis padres, he aprendido mucho. No fue fácil salir del infierno umbandista en el que me vi involucrada, pero salí. La vida continua después de la tragedia y nosotros continuamos con la vida. Preguntarme por qué me paso eso a mi, es hacer más fuerte la causa que genera el dolor. El concepto de Dios que me inculcó mi padre, es un Dios que lo abarca todo: La muerte, el dolor y el sufrimiento son parte de esta vida. Nos puede tocar, ¿por qué no? En cambio,si nos preguntamos ¿Para qué me ha tocado vivir esta tragedia? Pues para aprender, para hacernos fuertes; el para qué es una decisión que cada uno debe tomar en la intimidad. Yo me di cuenta que ni una bruja, ni una madre, ni varios demonios pueden contra mi y mi destino. Ya no siento miedo. 


Recordar el hecho es volver atrás, y volver no vale la pena porque el pasado ya no existe. Cada vez que evoque esta historia haré más fuertes las conexiones entre las neuronas que intervinieron en la formación de la memoria, y volveré a sentir los mismos sentimientos que me hicieron tanto mal. Pero eso no es necesario para seguir adelante, todo lo contrario. Debo dejar ir y punto. Acepto lo que pasó, pero pasó, como el agua del río. 


La neuroplasticidad es el nombre formal para explicar la capacidad del cerebro de reinventarse constantemente, de aprender nuevas habilidades, de desarmar uniones viejas para dar lugar a nuevas uniones neuronales. Para que haya capacidad suficiente para aprender lo que deseemos durante toda la vida, el cerebro borra conexiones viejas y en desuso para utilizarlas en nuevas redes, RECICLAR. 


El budismo sostiene que es necesario mantener ante todo "mente de principiante." Es decir, vivimos cada experiencia como si fuera nueva, como si fuera la primera vez. Así, en meditación, limpiamos nuestra mente de pre conceptos para dejarnos sorprender por la vida, a cada instante, sin intención, solo descubriendo lo que viene. No importa cuan cruel sea lo que vivimos en el pasado, podemos liberar nuestra mente y dejarnos sorprender por el presente.

El bosque renace después del incendio.
El escarabajo y el bosque.


Aprendí de un escarabajo que vivía en un bosque, en un hermoso y frondoso bosque milenario. Pero un día ese bosque se incendió y ardió hasta desaparecer. El escarabajo hizo un pozo en la tierra y se quedó quietito esperando que las llamas terminen de hacer su trabajo. Y luego, cuando fue el tiempo correcto, el escarabajo salió y retomó sus rutinas. No lloró, no se lamentó de su pérdida, no culpó a nadie de su suerte, el escarabajo solo volvió a su lugar y continuo con su vida. Un día, el bosque volvió a crecer y el escarabajo y su descendencia continuaron haciendo lo que hacen los escarabajos. 

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